martes, 8 de marzo de 2011

Horas

Hoy por la mañana te vi caminando, mientras yo estaba sentado. Pasabas despacio, mirando el suelo empedrado. Con tus ojos serios y tu cabello trenzado.
El viento soplaba acariciando mi cuerpo con ese beso frío como el hálito de invierno.
Entre rubia y pelirroja, entre seria y graciosa, entre linda y hermosa.
Nueve de la mañana, y marcaste el fin de tu trayecto, cuando sentada bajo un arbol sin hojas preferiste el cobijo de su sombra.
Palabras revueltas salían entonces de mi mente, mezcladas con la lúgubre musica que a mis oidos entraba, producida por un aparato moderno que ya pasó de moda.
Entre guitarra y batería, entre violines y serafines me pareció escuchar tu escandalosa risa, entremezclada con mis sinfonías.
Algunos minutos pasaban, y mi soledad me poseía, pero el mirar a esa dama sencilla, tan lejana como mía, tan hermosa y tan llamativa, fue la señal del fin de mi rutina.
Y heme aquí caminando, acercandome a la inversa, con tu espalda en dirección a la mía y nuestras miradas escondidas.
Y heme después riendo, sin tenerte a mi alcance, pero pensando por dentro que sería de tu destino. Que sería en esas largas horas en las que no estoy contigo, cuando duermes, cuando comes y cuando estudias, cuando trabajas y cuando te enojas.
Y he ahí a la dama de mis suspiros, descansando aún bajo ese arbol delgaducho de tronco liso, que sombra no bien le ha proveído.
Diez de la mañana, y la he perdido, aunque de vista, porque no de otra cosa. Pero la he perdido, y de aqui hasta otras doce largas horas, porque ya se donde vive, y cuando llego, ella sale, y a veces me sonríe, pero otras no lo hace, porque dice que su cabello no está bien peinado, y su ropa es como si apenas se hubiera levantado.
Cierto. como el domingo pasado.
Doce del día y heme aquí aun fabricando mi fantasía para confeccionarla en un montón de palabras raras que solo ella descifra, para adornarla de analogías que se comparan con la realidad de esta prosa extraña.
Y pasarán las doce y la una y tantas otras que se repiten, pero el sentimiento no pasa, no como la vida de las personas y de las plantas. No como un cometa que se pierde entre las estrellas, no como un auto que viaja hacia otra frontera... No.
Y que hermosa fantasía, que se prolonga hasta dos horas y media después del mediodía, donde ya profanada la hora de comida, ni molesta tanto el sueño de esa postergada siesta... Heme aquí, dos horas y media después de mediodía... y de aquí otras veinticuatro, y otras veinticuatro para que se repita por siempre ya esta fantasía.

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